Seis días en moto. Una amistad para toda la vida.

Experiencia creada para David B. (North Carolina - USA) y Dara S. (Georgia - USA) por Rafa Payá

Inicio - Fin Valencia - Valencia
Países España
Duración 6 Días / 5 Noches
Distancia 1,515 kms
Realizada por 2 riders
Coste por rider 895 €
Ruta con guía

Descripción del tour

Hay experiencias que terminan cuando se devuelve la moto.

Y luego están las que continúan años después.

La de David B. y Dara S. pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo.

Todo comenzó aproximadamente un mes antes de su llegada a España. David se puso en contacto con nosotros porque quería realizar nuestra experiencia entre Valencia y Cuenca y, desde aquel primer correo electrónico, empezamos a intercambiar mensajes, resolver dudas y preparar juntos el viaje. Con el paso de las semanas las conversaciones dejaron de ser únicamente sobre motos y rutas, y cuando finalmente llegó el día de recogerlos en la Estación del Norte de Valencia, la sensación era más parecida a reencontrarse con unos amigos que a conocer a unos nuevos clientes.

Lo primero que nos llamó la atención fue el equipaje.

Además de varias maletas, traían una gigantesca bolsa de Alpinestars con todo el equipamiento de moto que habían traído desde Estados Unidos. Cascos, botas, chaquetas, guantes... prácticamente media casa había cruzado el Atlántico con ellos. Recuerdo mirar el maletero del Honda FR-V, bastante grande la verdad, y pensar que, por muy poco, no tendríamos que haber hecho dos viajes.

Desde el primer minuto las risas aparecieron de forma completamente natural.

Nos dirigimos a las oficinas de Toro Biker, les entregamos el pack de bienvenida, inmortalizamos el momento con la fotografía en nuestro Wall of Fame y recogimos la BMW R1300GS que habían elegido para la experiencia, equipada con maletas laterales y top case.

Como todavía quedaba parte de la tarde por delante, Floren acompañó a Dara al hotel mientras David y yo aprovechábamos para hacer una pequeña ruta de toma de contacto hasta Alcublas.

Fue suficiente para entender perfectamente cómo eran los dos.

David transmitía tranquilidad desde el primer momento. Alto, fuerte, de voz grave y con esa forma pausada de hacer las cosas propia de alguien acostumbrado a trabajar con precisión. Como mecánico de barcos para el Ejército de Estados Unidos, seguía cualquier procedimiento exactamente como se le explicaba. Antes de salir le di las habituales indicaciones de seguridad y, durante toda la experiencia, no incumplió una sola. Ni una. Creo que jamás había visto algo parecido.

Dara, en cambio, era justo el equilibrio perfecto.

Siempre sonriendo.

Siempre con energía.

Siempre dispuesta a disfrutar de cualquier momento.

Dos personalidades completamente distintas que, sin embargo, encajaban de maravilla.

Aquella primera noche cenamos junto a la playa de la Malvarrosa y, entre conversaciones sobre nuestras profesiones y nuestras vidas, apareció un tema que iría creciendo durante todo el viaje. A David le fascinaba la idea de vivir organizando experiencias en moto. No dejaba de hacer preguntas sobre cómo funcionaba Toro Biker y cómo había conseguido convertir esta pasión en una forma de vida.

Sin saberlo, aquella conversación no había hecho más que empezar.

Al día siguiente nos reunimos con Floren y varios amigos suyos para disfrutar de una ruta por algunas de nuestras carreteras favoritas.

Como no podía ser de otra manera, la mañana comenzó con un buen almuerzo.

Le dije a David que confiara en mí y le pedí un bocadillo de embutido con alioli. Todavía hoy sigue hablando de aquel almuerzo.

Después nuestros amigos regresaron a casa y nosotros continuamos hasta Chulilla para comer en el Restaurante La Rueda.

Pero antes de sentarnos a la mesa llegó uno de esos momentos que todavía hoy nos hace reír.

La camarera, que ya me conocía, decidió organizar el famoso "Ajoarriero Challenge".

Durante toda la mañana yo había estado haciendo que David practicara una palabra que para cualquier extranjero resulta casi imposible.

—Ajo... arriero...

—No, David... otra vez.

—Ajo... arrierou...

Y vuelta a empezar.

Cuando llegó el momento de la verdad, la camarera le pidió que lo pronunciara delante de la cámara.

Respiró hondo.

"...Ajoarriero."

Perfecto.

La cara de sorpresa de la camarera fue tan buena que David y yo no pudimos evitar mirarnos con una sonrisa de complicidad antes de echarnos a reír los tres.

Aquella comida fue otra demostración de algo que terminaría confirmándose durante el resto del viaje.

David y Dara disfrutaban de la buena gastronomía tanto como de las motos.

Y eso siempre facilita mucho las cosas.

Al día siguiente pusimos rumbo hacia Cuenca atravesando la comarca de Ademuz.

Hay algo que los clientes normalmente no perciben cuando participan en una ruta guiada.

Mientras conduzco no solo voy pendiente de la carretera.

Voy pendiente de ellos.

Constantemente.

Tengo la costumbre de mirar por el retrovisor prácticamente en cada curva para comprobar que la moto que viene detrás aparece exactamente donde debería aparecer.

Es una pequeña obsesión profesional que con los años termina convirtiéndose en un hábito.

Aquel día estuvo a punto de costarme un infarto.

En una de las curvas más cerradas David redujo mucho la velocidad porque Dara le comentó que la pierna empezaba a dolerle bastante.

Yo seguía mirando el retrovisor.

Y no aparecían.

Pasó un segundo.

Luego otro.

Y otro más.

Demasiado tiempo.

Lo primero que se te pasa por la cabeza en un momento así es que ha ocurrido algo.

Ya estaba prácticamente preparando el giro para volver a buscarlos cuando, por fin, aparecieron tranquilamente saliendo de la curva.

Respiré.

Mucho.

Más tarde se lo conté a David entre risas.

Su respuesta me dejó todavía más sorprendido.

—Lo sabía.

Cuando bajé la velocidad pensé... "como Rafa no me vea salir de la curva le va a dar algo."

Los dos acabamos riéndonos a carcajadas.

Aquella simple conversación me hizo darme cuenta de algo.

Él también llevaba tiempo observándome.

Había comprendido que yo no iba delante simplemente marcando el camino.

Iba pendiente de ellos durante toda la ruta.

Poco antes de llegar a la Ciudad Encantada tuvimos que hacer una nueva parada.

La lesión con la que Dara había llegado desde Estados Unidos empezaba a pasarle factura y el dolor en la pierna era tan intenso que incluso se le escapaban algunas lágrimas.

Descansamos sin mirar el reloj.

Esperamos el tiempo que hizo falta.

Porque una experiencia en moto nunca debería medirse por los horarios, sino por las personas.

Cuando consiguió recuperarse un poco recorrimos los últimos kilómetros hasta la Ciudad Encantada.

Entre todas aquellas esculturas naturales grabamos uno de los vídeos más divertidos del viaje.

En el famoso Mar de Piedra, Dara hacía de sirena atrapada entre las olas de roca mientras David aparecía heroicamente para rescatarla.

Nos reíamos mientras lo grabábamos.

Y todavía más cuando lo vimos después.

Aquella tarde llegamos por fin a Cuenca para alojarnos en la Posada San José.

Es uno de esos hoteles imposibles de explicar.

Hay que vivirlo.

Sus interminables escaleras, los pasillos que parecen no conducir a ninguna parte, las pequeñas salas que aparecen de repente y, sobre todo, la sensación de estar durmiendo literalmente en una de las Casas Colgadas hacen que tenga una personalidad imposible de copiar.

Después paseamos por el casco histórico y visitamos la Catedral.

Todavía recuerdo la expresión de David y Dara descubriendo cada rincón.

Observaban absolutamente todo con una mezcla de sorpresa y admiración que hacía muy fácil volver a enamorarse de tu propia tierra.

La jornada terminó donde siempre me gusta terminar los días en Cuenca.

En María Morena.

Mi restaurante favorito de la ciudad.

Aquella noche terminé de confirmar una teoría que ya venía sospechando desde el principio.

David y Dara eran de esas personas que disfrutan de una buena mesa tanto como de una buena carretera.

Y creo sinceramente que resulta imposible entender un territorio sin disfrutar también de su gastronomía.

A la mañana siguiente Dara tomó una decisión que decía mucho sobre su forma de viajar.

Su pierna ya no soportaba más horas sobre la moto, así que decidió regresar ella sola a Valencia en tren mientras David y yo volvíamos tranquilamente por carretera.

No hablaba prácticamente nada de español.

Y eso nunca fue un problema.

Se nota cuando alguien ha viajado mucho por el mundo.

Los viajeros de verdad siempre encuentran la forma de llegar a cualquier sitio.

Durante aquella ruta de regreso hicimos una parada completamente improvisada junto a un helipuerto para estirar las piernas y hacer una fotografía.

La casualidad quiso que uno de los mecánicos estuviera realizando el mantenimiento de un helicóptero de extinción de incendios.

Terminamos hablando con él.

Después nos invitó a acercarnos.

Y acabamos viendo los helicópteros por dentro mientras nos explicaba cómo funcionaban.

Imaginar a dos mecánicos apasionados hablando durante un buen rato resulta bastante sencillo.

Los dos disfrutaban como niños.

Ya de regreso en Valencia decidí improvisar una última sorpresa gastronómica.

Había visto cómo disfrutaban descubriendo nuevos sabores y reservé mesa en un restaurante muy especial.

Aquella noche, entre platos, una buena sangría y muchas risas, la idea de crear algún día una delegación de Toro Biker en Estados Unidos dejó de parecer una simple ocurrencia y empezó a sonar casi como un proyecto real.

Yo tenía la experiencia.

David tenía las ganas.

¿Por qué no?

Nuestro último día sobre la moto nos llevó hasta los arrozales de El Palmar.

Sobre la mesa aparecieron una auténtica paella valenciana y un arroz del senyoret.

Saqué el teléfono para grabar.

—David... ¿cómo se llama esto?

"...Paela..."

No pude evitar echarme a reír.

Después señalé el segundo arroz.

Dara respondió completamente convencida.

—¿Paela también?

Le dije, no! arroz del senyoret!

Y apareció David diciendo entre risas:

—Eso es hacer trampa, Rafa. Ese nombre nunca lo habíamos oído.

Aquel vídeo sigue haciéndome sonreír cada vez que lo veo.

Después devolvimos la BMW, recogimos aquella montaña de equipaje con la que habían llegado días antes y los llevé al hotel donde continuarían unos días más descubriendo Valencia por su cuenta.

Antes de despedirme les preparé una pequeña guía con algunos de mis lugares favoritos de la ciudad.

Aunque la experiencia con Toro Biker hubiera terminado, todavía quedaba mucha Valencia por descubrir.

Durante los días siguientes seguimos hablando prácticamente a diario por WhatsApp mientras me iban contando todo lo que estaban viendo y disfrutando.

Y cuando llegó el momento de regresar a casa, volví a recogerlos en su hotel para llevarlos, una vez más, a la Estación del Norte.

Nos despedimos con un sencillo "hasta pronto".

Antes de marcharse, David dejó discretamente un sobre con una generosa propina.

Nunca fue cuestión del importe.

Fue la forma tan elegante que tuvo de decirme cuánto habían disfrutado de aquellos días.

El proyecto de abrir Toro Biker USA finalmente nunca llegó a hacerse realidad.

La vida cambió sus planes.

Pero ocurrió algo muchísimo más importante.

Desde entonces seguimos hablando con frecuencia.

Me consultan sus nuevos viajes en moto, ya sea a Marruecos, Montenegro o cualquier otro rincón del mundo.

David vendió su Harley-Davidson poco después de volver a Estados Unidos y, tras muchas conversaciones moteras, terminó comprándose una Yamaha Tracer 9 que elegimos prácticamente entre los dos.

Y cada vez que hablamos vuelvo a pensar exactamente lo mismo.

Hay quien mide el éxito de este trabajo por las rutas que diseña.

O por los kilómetros recorridos.

Yo prefiero medirlo por otra cosa mucho más sencilla.

Por la cantidad de amigos que me ha regalado la carretera.

Porque algunas historias terminan cuando apagas el motor.

Y otras...

simplemente cambian de continente para seguir viviendo contigo.

De vuelta a casa, esto es lo que escribieron

Lee la reseña de David B. y Dara S. en Google ⭐⭐⭐⭐⭐

Información Clave

Terreno: Todo el recorrido transcurre por carreteras asfaltadas Incluido: Todos los desayunos Actividades: Todas las actividades del Tour están incluidas

Destacados

🏍️ Más de 1.400 km de carreteras inolvidables entre Valencia y Cuenca 😂 El mítico "Ajoarriero Challenge"... y muchas carcajadas por el camin 🚁 Una visita improvisada al interior de un helicóptero de extinción de incendios 🥘 Paella, arroz del senyoret y algunos de los mejores restaurantes de la ruta 🤝 Una experiencia que terminó convirtiendo a dos clientes en dos grandes amigos

Ropa

Los clientes trajeron su propio equipamiento para la moto, casco, chaqueta, guantes, pantalones y botas

Notas

En esta experiencia Toro Biker se encargó de reservar los hoteles en régimen de alojamiento y desayuno, así como de los restaurantes para las comidas y cenas

Nivel de dificultad

AVANZADO
Estarás conduciendo durante 4 a 5 horas seguidas antes de cada descanso sin ningún problema. Tienes al menos 2 a 3 años de experiencia previa en motocicleta. Disfrutas de carreteras con curvas pronunciadas y secciones de arena. Sabes cómo conducir por caminos arenosos.

Itinerario del tour

1

¿Todo eso habéis traído en el avión?

Origen Valencia
70 km 02:00:00
Destino Valencia
Día 1
2

Almuerzo con moteros y Ajoarriero Challenge

Origen Valencia
375 km 10:00:00
Destino Valencia
Día 2
3

Rumbo a Cuenca, la sirena varada

Origen Valencia
380 km 08:00:00
Destino Cuenca
Día 3
4

¿Habías visto un helicóptero antiincendios por dentro antes?

Origen Cuenca
415 km 10:00:00
Destino Valencia
Día 4
5

La paella y el arroz del senyoret... ¡No hagas trampa, Rafa!

Origen Valencia
255 km 06:00:00
Destino Valencia
Día 5
6

¡Hasta siempre, amigos!

Origen Valencia
20 km 02:00:00
Destino Valencia
Día 6

Actividades del Tour

Asignación de las motos Incluido

Recogida de las motos designadas para cada participante de la ruta.

Briefing con el guia del tour Incluido

Puesta en común de las normas que deben ser observadas por todos los participantes durante el tiempo que dure el tour. Explicación general del tour y sus características principales.

Rutas guiadas Incluido

Incluidas en nuestros tours, las "Rutas Guiadas" ofrecen una experiencia inmersiva dirigida por guías locales expertos. Estas rutas cuidadosamente planificadas te llevan a través de las zonas más pintorescas y culturalmente ricas, brindándote información sobre la historia, las tradiciones y los tesoros ocultos de cada destino. Ya sea explorando paisajes impresionantes, monumentos históricos o barrios locales, las rutas guiadas aseguran que no te pierdas nada importante. Con un guía conocedor a tu lado, obtendrás una comprensión más profunda y un mayor aprecio por el destino, lo que hará tu viaje aún más enriquecedor.

Galería del Tour

Imagen del tour Seis días en moto. Una amistad para toda la vida.
Imagen del tour Seis días en moto. Una amistad para toda la vida.
Imagen del tour Seis días en moto. Una amistad para toda la vida.
Imagen del tour Seis días en moto. Una amistad para toda la vida.
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Incluido en el Tour

Actividades y Experiencias

Desayuno

Guía de Toro Biker

Motocicleta

Set de regalo de Toro Biker

Alojamiento

No incluido en el Tour

Gasolina

Comidas

Gastos personales

Cenas

Reservar